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¿De qué material es nuestra vida?

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Si observamos a nuestro alrededor, es imposible dejar de comprobar que casi la totalidad de los objetos que nos rodean contienen partes de material plástico o son totalmente construídos con esta sustancia.

Los plásticos tienen propiedades insuperables frente a otros materiales. Son livianos, baratos y moldeables, lo que reduce los costos de fabricación. Como inconveniente, muchos de los derivados plásticos no se degradan fácilmente cuando se los desecha, ya que no se descomponen, no se oxidan, no entran en estado de putrefacción, no son atacados por muchos de los solventes químicos usuales … son prácticamente eternos.

La historia de los plásticos comienza en 1860, cuando la empresa norteamericana Phelan and Collander, fabricante de bolas de billar, ofreció una recompensa de 10.000 dólares a quien consiguiera un sustituto aceptable del marfil natural, que era el material con el que se fabricaban dichos esféricos objetos.. Una de las personas que se presentó fue el inventor estadounidense Wesley Hyatt, quien desarrolló un producto que se patentó con el nombre de celulosa. Aunque no ganó el premio de las bolas de billar, la celulosa tuvo un importante impacto comercial y se utilizó para fabricar diferentes objetos.

Hacia 1906, el científico Leo Hendrik Baekeland desarrolló una resina sintética que se registró con el nombre de Bakelita, en honor a su inventor. La bakelita es un plástico de la familia de los termoestables, es decir, originalmente se presenta en forma de polvo el cual al ser calentado se vuelve pastoso (plástico), lo que permite conformarlo con un molde adecuado. Cuando se enfría, adquiere dureza y rigidez y permanece estable. Sin embargo, si se lo vuelve a calentar, no retorna al estado plástico, sino que entra en combustión. Por tanto, no es reciclable.

En 1920 hubo avances adicionales en el conocimiento de la composición molecular de los plásticos y se desarrollaron nuevos compuestos como el Cloruro de Polivinilo (PVC), que permitió fabricar productos rígidos o flexibles, según la formulación química del producto. Algunos ejemplos de la vida cotidiana son los tubos rígidos para cañerías, ductos para instalaciones eléctrica, persianas para ventanas o tubos y accesorios para uso médico y lonas flexibles para carpas, piscinas o juguetes inflables.

Por 1930 se desarrolló otro plástico rígido, resistente y muy transparente: el metacrilato de metilo polimerizado (PMMA). Se utilizó muchísimo en la industria militar y aeronáutica para fabricar los parabrisas de los aviones. También se lo utiliza para gafas de protección en la industria o como cubierta de protección de luminarias en la via pública.

Las resinas de poliestireno (PS), desarrolladas alrededor de 1937, se caracterizan por su alta resistencia a la alteración química y mecánica a bajas temperaturas y por su muy limitada absorción de agua. Estas propiedades hacen del poliestireno un material adecuado para aislamientos y accesorios utilizados a bajas temperaturas, como en instalaciones de refrigeración y en aeronaves destinadas a los vuelos a gran altura.

En 1930 apareció el Nylon y unos ocho años después el PTFE (politetrafluoretileno), conocido comercialmente como Teflón. Durante la segunda guerra mundial, se avanzó mucho en el desarrollo del caucho sintético, las fibras textiles de poliéster y la sustitución de muchas piezas metálicas por otras construídas en plástico.

En los años 50, se desarrollaron dos de los plásticos más usuales en la vida moderna: el polietileno y el polipropileno.

Sumado a estos, encontramos los plásticos técnicos, como el policarbonado y las poliamidas.

La mayoría de estos materiales pertenecen al género de los termoplásticos. En primera instancia, se presentan en forma de pequeños granos. Al ser calentados, llegan al estado plástico y se transforman en una masa pastosa. En estas condiciones, es posible inyectarlos a presión dentro de un molde metálico que posea la forma exacta de la pieza que se desea construir. Una vez dentro de dicha cavidad, se lo enfría y entonces se endurece y adquiere la forma final. La ventaja de los termoplásticos es que, si se vuelve a calentar el objeto moldeado, es posible volver al estado plástico-pastoso y repetir el ciclo, logrando de este modo la recuperación o reciclaje del material.

Además de la técnica anterior, es posible recurrir a otros procedimientos para obtener piezas plásticas: extrusión, para la fabricación de mangueras, tubos, caños y ductos; soplado, para botellas y frascos o termoconformado por vacío, para blisters, envases o platos y vasos descartables.

Como sea, los plásticos están omnipresentes en nuestra vida. Desde el teclado y el mouse de su PC, hasta la caja se su celular o la cucharita descartable con que revuelve su café o el tablero de su automóvil, todo está hecho de plástico.

Son de plástico su lapicera y el enchufe de la pared; el botón de su camisa, la bolsa  con las manzanas del supermercado o los juguetes de su hijo … todo contiene plástico.

Sin lugar a dudas, los plásticos son la matería prima con más presencia en la vida humana hoy en día.

 

 

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