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Jueves, 09 Febrero 2017 18:17

La Internet de las cosas: un mundo de ficción (o no)

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Era una tarde apacible y estaba finalizando su jornada de trabajo en la oficina del centro. Recogió sus cosas y se encaminó a la puerta. Esta se abrió gentilmente y una agradable voz femenina le dijo un cálido “hasta mañana”. No era una voz humana, pero tenía un tono muy dulce. Se acercó al ascensor, el cual arribó a los pocos segundos. Ingresó en la cabina climatizada, le habló en forma pausada al panel colorido, diciendo simplemente “estacionamiento” y el ascensor lo dejó en el nivel 3, donde se encontraba su auto azul.

Caminó hacia el, la puerta se abrió. Ingresó, comprobó que el climatizador mantenía el interior a la temperatura que el había elegido y el equipo de música reproducía su canción favorita de los Stones, mientras la pantalla le mostraba los últimos titulares de las noticias y el estado del tiempo, en tanto el navegador le indicaba la posición geográfica del vehículo y sugería posibles destinos.

Tocó apenas la pantalla táctil en el ícono “casa” y rápidamente el automóvil, totalmente eléctrico, comenzó a desplazarse en forma automática desde el estacionamiento hacia la calle y luego, grácilmente, se abrió paso por el denso tráfico de la ciudad, eligiendo las rutas menos congestionadas y sincronizando su marcha con la red de semáforos digitales.

En una esquina, el vehículo se detuvo casi abruptamente en un semáforo en verde, que cambió casi instantáneamente al rojo. Estaba tan absorto mirando la repetición del último gol del Barcelona, que no se había percatado que una ambulancia se acercaba a alta velocidad y con sirena abierta por la transversal. El sistema remoto automático de la red de semáforos estaba abriendo paso al vehículo de emergencia, a medida que este lo requería. Por eso la parada intempestiva. Ese fue el único contratiempo que tuvo en todo el viaje de regreso.

Cuando el auto se detuvo suavemente dentro del garaje de su casa, previa apertura y cierre de la reja de entrada y del portón interior, descendió del mismo y se encaminó hacia el estar.

Las luces se encendieron a su paso, el aire acondicionado estaba encendido y la cafetera presentaba un humeante café recién hecho.
La pantalla gigante de la pared izquierda se había encendido y desplegaba el noticiero de la televisión.

Mientras se servía un café, caminó hacia la heladera en busca de un poco de mermelada para las tostadas que acababa de preparar la tostadora automática. Comprobó que el frasco solo tenía un tercio de su ambarino contenido, pero la pantalla del estar se conmutó automáticamente al modo de información y le indicó que ya se había emitido la orden de compra al supermercado, no solo por la mermelada sino también por refrescos, leche y queso, que se encontraban en niveles de existencia reducida.

Volvió a su sillón preferido y depositó su teléfono celular en la mesa del centro. La pantalla central de la sala se conmutó al modo televideo y llamó en forma instantánea a otro abonado.

Era su esposa. Se estableció una video llamada en alta definición y así pudo enterarse que ella estaba en ese momento en su automóvil, camino a casa y que demoraría unos 10 minutos. Al menos, eso indicaba la pantalla secundaria del sistema GPS, que mostraba la ubicación del auto, la densidad del tráfico y el tiempo estimado de viaje restante.

Acordaron ir al cine esa noche. El hizo la compra de las entradas desde su móvil y aguardó la llegada de ella. La película no fue muy disfrutable, pero culminaron la velada cenando en las afueras de la ciudad, en un pequeño pero muy cálido restaurante que reservaron al salir del cine.

¿Ray Bradbury?¿Ciencia Ficción?¿Siglo 22?

No, realidad actual.

Aunque recién estamos en los primeros pasos, la Internet de las Cosas (IoT, Internet of Things, por su sigla en inglés), permite hacer todo lo relatado en este mismo momento.

IoT es una tendencia explosiva en la tecnología digital que implica sencillamente que todas las cosas que nos rodean puedan estar conectadas a través de Internet.

Las conexiones Blue Tooth permiten conectar entre si a objetos de lo más disímiles, siempre que se encuentren cercanos entre sí. Esto habilita al diálogo interactivo entre la heladera, la cafetera o lo que se nos ocurra, con el servidor central de la casa.

El celular, la pantalla LED, la alarma, las cámaras de seguridad o el portón automático son obvios candidatos a comunicarse entre sí, utilizando conectividad WiFi.

El auto inteligente ya existe, aunque sea en una fase experimental. Aprovechando las redes móviles de datos, originalmente desarrolladas para la telefonía celular, cualquier dispositivo móvil tiene acceso permanente a la telaraña de la web.

El GPS ya es un viejo conocido, por lo que no despierta gran admiración su capacidad de definir la posición de un objeto. Claro está que ya salimos de su etapa infantil y ahora no solo nos permite ver un mapa para indicar nuestra ubicación, sino que podemos visualizar donde está el auto con nuestro hijo … o el llavero que no recordamos donde quedó.

Si, la IoT promete estar presente en 25.000.000.000 de dispositivos para el año 2020.

¡Espere! Quizás no sea necesario que haga click para pasar a otra noticia … de pronto el sensor neuronal detecte su avidez por ir rápidamente a esa página deportiva y en unos segundos dejará de tener frente a sus ojos estas líneas.

¿Tiene puestos sus anteojos de realidad virtual?. Bien, es lo indicado para disfrutar plenamente ese partido final de la NBA en full HD y 3D. ¡Ah! Quédese tranquilo que el dron-delivery dejó en su box el pack de cervezas que su freezer solicitó y ya están a punto para acompañar el evento deportivo. Las máquinas están a su servicio, señor.

José Vargues

 

"Vivimos en una sociedad profundamente dependiente de la ciencia y la tecnología, en la que nadie sabe nada de estos temas.

Ello constituye la fórmula segura para el desastre". Carl Sagan

Visto 57 veces Modificado por última vez en Viernes, 10 Febrero 2017 10:50

 

 

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